¿ADIELGA LA CAMELLIA SINENSIS?
09 de octubre de 2021

Aunque popular en Japón, la Camellia Sinensis es originaria del Sudoeste de Asia, China e India. Actualmente, la Camellia Sinensis ha ganado
Aunque popular en Japón, la Camellia Sinensis es originaria del Sudoeste de Asia, China e India. Actualmente, la Camellia Sinensis ha ganado un espacio importante en la rutina alimentaria brasileña por dos motivos: la divulgación mediática (artistas de televisión que afirman usarla para adelgazar en artículos de revistas) y la atención de los investigadores (pues la medicina oriental, a veces, acaba descubriendo cosas que solo más tarde la medicina occidental logra comprender). Bueno, pero hasta ahora probablemente usted esté seguro de que nunca ha oído hablar de la Camellia Sinensis o, menos aún, que la haya ingerido alguna vez.
Pero probablemente esté equivocado. La camellia no es otra cosa que los famosos té verde, té negro, té blanco o té rojo. Lo que diferencia uno del otro es el grado de fermentación que el té sufre al final del proceso de preparación. El fermentado es el té negro. El no fermentado es el té verde. Y los demás son los semifermentados. Anualmente, se producen aproximadamente tres mil millones de toneladas de té, siendo el 78% negro, el 20% verde y el 2% semifermentado (LIMA et al, 2009).
Según Hassani et al (2008) podemos encontrar xantinas (cafeína y teofilina, siendo esta muchas veces superior en concentración a la del café) flavonoides y catequinas (epigalocatequina, la ECG, epicatequina, la EC, epicatequina galato, la EG y epigalocatequinagalato, la ECGC) vitaminas (vitamina C, vitaminas del complejo B) y sales minerales.
Y son estos principios activos los que confieren a la planta su poder en el adelgazamiento y en otros aspectos medicinales.
Además de su actividad antibacteriana (HASSANI et al, 2008), anticancerígena (BERTOLINI et al, 2000), hipocolesterolemiante –reducción del colesterol (KAO, HIIPAKKA, LIAO, 2009; MURAMATSU K; FUKUYU M; HARA Y, 1986) y reducción del riesgo de enfermedades coronarias (KOO y NOH, 2007) e incluso la reprogramación de células cancerígenas (AHMAD et al, 1997) que ciertamente merecería otro artículo tratando solamente de sus propiedades funcionales, la Camellia Sinensis posee una interesante aplicabilidad en tratamientos de sobrepeso, lo que ya la convierte, ciertamente, en un componente presente en mis prescripciones como auxiliar en el tratamiento de la obesidad.
En un estudio realizado por Duloo et al (1999) la ingestión de Camellia Sinensis en forma de extracto de té verde en cápsulas (aproximadamente 500mg/día) demostró que la ingestión de las cápsulas aumentaba la termogénesis, es decir, el gasto energético en reposo (producción de calor) y la oxidación lipídica.
Es imperativo citar que en este estudio el autor también utilizó grupos que ingerían solamente cafeína o placebo, lo que le confiere una importancia diferente a los demás, pues se creía que el poder que el té verde ejercía sobre la termogénesis era simplemente consecuencia de la cafeína que este contenía y, la gran mayoría de los investigadores ya conoce el efecto de la cafeína en la tasa metabólica basal a través del estímulo del sistema nervioso central y la consecuente alteración de la frecuencia cardíaca.
Pero lo interesante es que, incluso comparado con el grupo que ingería cafeína con el té verde, los sujetos que solo ingirieron té verde tuvieron un aumento del gasto calórico y una acentuada oxidación lipídica.
Además de su contribución con las calorías que ya han sido absorbidas (transformándolas en energía más rápidamente, como cité en el estudio anterior) la Camellia aún puede alterar el potencial que tenemos para absorber grasa a nivel intestinal.
En un increíble estudio en Corea realizado por Koo S. I y Noh S.K. (2007), se verificó que las catequinas mencionadas anteriormente en este artículo, la ECGC, tienen la habilidad de interferir en los principales procesos que conllevan a la absorción de la grasa ingerida en la alimentación por el intestino delgado. Dichos procesos son: emulsificación, digestión y solubilización de las micelas. Aún no está claramente elucidado el mecanismo bioquímico, pero los autores sugieren que las catequinas forman complejos con los lípidos y con las enzimas que degradan los lípidos, inactivando el efecto que estas tendrían en la promoción de la absorción de la grasa al medio interno. La ECGC parece ser aún más efectiva en lípidos fuertemente hidrofóbicos (como el colesterol), siendo de esta forma un coadyuvante en el tratamiento de pacientes propensos a la hipercolesterolemia.
Para cerrar este artículo, un estudio más reciente publicado por la revista Nutrition and Metabolism en mayo de este año (2009), Sohlet al (2009) analizaron la eficacia de la Camellia (en forma comercial de té blanco) en lo que respecta a su ayuda en el proceso de quema de grasa corporal (lipólisis) y también su implicación en la prevención de la acumulación de grasa corporal.
Mediante una metodología moderna de cultivo e incubación de células (pre-adipocitos) extraídas de humanos, que se convertirían en células grasas naturalmente, Sohle et al (2009) demostraron que el extracto de té blanco redujo en un 70% la acumulación de triglicéridos, aumentó los niveles de liberación de glicerol (lo que indica un aumento de la lipólisis – degradación del tejido adiposo) y además redujo los niveles de factores de transcripción adipogénica (ATF – Adipogenic Transcription Factor), componente esencial en la formación de grasa corporal, indicando el té blanco como un potente recurso natural auxiliar en la prevención y tratamiento de la obesidad y la hipertrigliceridemia.
Este contenido forma parte del compromiso de Clínica Revitalize de traducir la ciencia en práctica clínica accesible, sin perder rigor ni profundidad.
