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¡Su intestino puede afectar el funcionamiento del corazón!

06 de abril de 2026

¡Su intestino puede afectar el funcionamiento del corazón!

¿Ha oído hablar alguna vez de la "permeabilidad intestinal"? Este término está ganando terreno en la investigación médica y puede estar mucho más relacionado con su s

¿Ha oído hablar alguna vez de la "permeabilidad intestinal"? Este término está ganando terreno en la investigación médica y puede estar mucho más relacionado con su salud de lo que imagina, incluso con la de su corazón.

Una reciente revisión científica publicada en Heart Failure Reviews demostró que las alteraciones en la microbiota intestinal, conocidas como disbiosis, pueden contribuir al surgimiento y al agravamiento de la insuficiencia cardíaca. Esto sucede porque un intestino debilitado permite el paso de toxinas y metabolitos nocivos al torrente sanguíneo, desencadenando una inflamación sistémica que afecta directamente al músculo cardíaco.

En los últimos años, la ciencia ha estado descubriendo el llamado "eje intestino-corazón": una conexión directa entre el equilibrio de la flora intestinal y el funcionamiento cardiovascular.

Sustancias tóxicas como el LPS (lipopolisacárido) entran en la circulación.

Este proceso activa receptores inflamatorios en el corazón, aumentando la producción de citoquinas (TNF-α, IL-1, IL-6).

Además, metabolitos como el TMAO (óxido de trimetilamina), formado a partir del consumo de carne roja, huevos y productos de origen animal, se han asociado con:

No todo son malas noticias. Ciertos grupos de bacterias intestinales producen sustancias protectoras, como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), especialmente el butirato.

Desafortunadamente, en pacientes con insuficiencia cardíaca, se observa una reducción de estas bacterias beneficiosas, lo que agrava el ciclo de inflamación y lesión cardíaca.

Aún no existe un protocolo único, pero la evidencia apunta a que cuidar la salud intestinal puede traer beneficios para el corazón. Algunas estrategias ya estudiadas incluyen:

Alimentación antiinflamatoria: dietas como la Mediterránea o la DASH, ricas en fibras, vegetales y grasas saludables, ayudan a nutrir las bacterias protectoras.

Prebióticos y probióticos: pueden favorecer el equilibrio microbiano, aunque los resultados clínicos aún son variados.

Reducción de ultraprocesados y exceso de carne roja: para evitar la formación de TMAO en niveles elevados.

Este contenido forma parte del compromiso de Clínica Revitalize de traducir la ciencia en práctica clínica accesible, sin perder rigor ni profundidad.